15 - 12 - 2019 / TRUBIA - LA PONTIGA

Salimos con un día de lluvia hacia Trubia donde dejamos nuestros coches, nada más cruzar el puente que está enfrente de la fachada principal de la Fábrica de Armas

A finales del siglo XVIII, España declaró la guerra a la Francia revolucionaria que había ejecutado a su rey Luis XVI. La guerra discurrió de forma desastrosa para España. El Gobierno de España temió perder los territorios próximos a la frontera francesa. Las fábricas navarras de Eugui y Orbaiceta habían sido asediadas y asaltadas. El Gobierno encargó la localización de un lugar alejado de la frontera, con el objetivo de atender las necesidades de material bélico.

En 1794 se decidió instalar esa factoría en un paraje con yacimientos de aquellas materias primas a utilizar: hierro y carbón;  y de este modo, se instalaron en Trubia en el punto donde el río de este nombre, se une al río Nalón.
Esta operación supuso desplazar miles de personas desde Placencia de las Armas o Éibar (Guipúzcoa) a Asturias, no solamente operarios, si no que se trasladaron con sus familias. .
La Fábrica de Trubia, con su director el coronel Antonio de Elorza, alcanzó un alto nivel; militar formado en la Academia del Cuerpo en Palma de Mallorca y perseguido por Fernando VII, se vio obligado a emigrar viajando por toda Europa, y sobre todo, en aquellos países que eran punteros en los métodos industriales: Bélgica, Alemania, y en el Reino Unido; consiguiendo de este modo, una formación brillante. Además creo en 1850, la que fue la famosa Escuela de Aprendices (la primera en España) para que los hijos de los trabajadores se formasen en aquellos oficios que precisaría la factoría en años sucesivos.
Trubia se convirtió así en un pueblo muy distinto de los del resto de España, pues en pleno siglo XIX, contaba con: Teatro, Casino, Escuela de idiomas, Coral polifónica y Banda de Música. Las más de 120 promociones de alumnos de esta Escuela propiciaron que de sus aulas saliesen más de 4.000 alumnos con formación teórico-práctica, que desperdigados por toda la geografía nacional y extranjera, fueron disputadísimos profesionales que alcanzaron muchos de ellos altos cargos en las industrias que les dieron acogida, debido a su buena formación .
Ahora… son otros tiempos.

Iniciamos el recorrido junto a un muro de piedra precioso, que tomaba el agua de la presa de Machón (en la actualidad demolida) para llevarlo a una antigua fundición. Nos acercamos a ver la Iglesia de Trubia, rehabilitada, limpísima y con un retablo precioso.
A este nivel, tomamos la senda verde propiamente dicha, detrás de una casona en ruinas, con unos muros de piedra impresionantes y con un magnolio blanco que todos los años, vamos a contemplar (junto con otro enorme y rosa en el centro de Trubia).
El recorrido agradable, la mayor parte con paraguas, con el río Trubia bien crecido hasta San Andrés, Poco después de esta localidad, cruzamos por una pasarela la carretera para continuar por la otra margen. A este nivel, se localizan varios nidos enormes de avista asiática ( vespa velutina)… pensamos que llegaron para quedarse.
En San Andrés, continuamos por la senda del oso, aunque no le encontramos mucho sentido esta diferenciación, porque la caja del antiguo ferrocarril, llegaba a Trubia.
Enseguida llegamos a la Pontiga; antes tomamos un aperitivo en Villanueva, al lado del puente medieval y en la cabaña, como cada fin de año en nuestra asociación, dimos cuenta de un buen pote (esta vez con un entrante de Conchi, legado de sus tías, que agradecemos muchísimo)
¡Otro año feliz en buena compañía!

                                 

El grupo  Antigua traída de aguas La senda verde
El río Trubia crecido La vega Pasarela sobre la carretera
La senda del oso Puente medieval  en Villanueva En La Pontiga