25- 5 - 2019 / CUEVA DE VALPORQUERO (LEÓN)

 

Con un día precioso, tomamos camino de Pajares; después de pasar el puerto y desviarnos por Villamanín, nos reunimos los distintos coches en la Collada de Cármenes, y bajo el letrero que señala su altitud, las Cármenes del grupo nos hicimos la foto bajo un cielo azul y con aire muy frío..
Después de un café, nos dirigimos hacia Valporquero, en la ladera sur de la Cordillera Cantábrica. El paisaje espléndido: vegetación verde y abundante, el agua rellenando los regueros y los ríos, la caliza coronándolo todo, majestuosa…
A las doce, junto con otros visitantes, iniciamos con un guía nuestro recorrido. En la boca de la cueva, nos dieron unas instrucciones para la visita, y nos comenzó a relatar que se abrió al público en 1966, después de un importante trabajo de acondicionamiento, para poder contemplar todo un mundo fantástico que el agua, los miles de años y las rocas, fueron configurando.
El arroyo de Valporquero, hace más de un millón de años, empezó a filtrarse por grietas y cisuras tan abundantes en la roca caliza, favoreciendo su disolución… Nada más entrar impresiona la cantidad de estalactitas y estalagmitas, sus columnas, las coladas y la variedad de colores en función de su composición. Al poco de iniciar el recorrido, entramos en la Gran Rotonda, el lugar de mayores dimensiones de la cueva con más de 100.000 metros cúbicos, atravesada por el río en época de lluvias… Después visitamos una sala llamada Pequeñas Maravillas, con unas formas singulares; posteriormente la de Las Hadas con un lago; luego viene el Cementerio Estalactítico para llegar a La Gran Vía, una galería de 200 metros de largo y 30 de altura, cuyas paredes verticales apabullan… y mediante senderos estrechos, subidas y bajadas, dejando lo que llaman la Columna Solitaria y profundas simas , llegamos la Sala de Maravillas… el lugar sobrecoge, y un apagón de luces que el guía realizó intencionadamente, nos hizo tomar conciencia, que realmente estábamos en el corazón de la tierra, donde el silencio y la oscuridad lo dominan absolutamente.
Al salir, subimos al mirador de La Atalaya, para contemplar unas vistas preciosas: las montañas, las hayas, el pueblo de Valporquero… Y luego pasamos por las Hoces de Vegacervera, que el río Torío fue erosionando la roca caliza, dejando unas paredes verticales tremendas, que componen un lugar extraordinario.
Nuestras amigas Carmen Valbuena y Carmen Gloría, organizadoras de la visita, nos condujeron al pueblo de Vegacervera para comer; y aún pudimos dar un paseo hasta el pueblo de Coladilla, antes de tomar los coches…
Paramos a la vuelta en El Brañilín y en Pajares, y cerramos así un día de excursión completo que desde aquí, agradecemos a las personas que lo hicieron posible.

 

Las Cármenes  El Grupo La cueva

 

El río en la cueva La Sala Maravillas En La Atalaya
El paisaje El pueblo de Valporquero Las Hoces de Vegacervera