7- 10 - 2018 / POR LA VENDIMIA EN CANGAS

 

La mañana amaneció fría y con restos de lluvia. Esta vez fuimos pocos... El recorrido a Cangas ahora se hace corto y en corvesación amena, aún mas... Al llegar a Limés y adentrarnos en el camino hacia la bodega, comprobamos que había llegado gente madrugadora, así que dejamos el coche en la parte inferior y subimos la cuesta hacia el viñedo a pie.

Antón nos recibió como siempre sonriente y afectuoso; nos entregó tijetas, nuevas por cierto, y el cesto y fuimos directamente a la hilera que nos asignaron: siempre empezando por el fondo; los viñedos están en pendiente, muy marcada en ocasiones, y el pasillo por el que se accede justo; es por esto que los mas fuertes hacen de porteadores con unos grandes cestos que recogen los racimos que ìbamos arrancado a la planta, para llevarlos a la despalilladora. Los racimos se pesan en presencia de personal competente de la Consejería primeramente, para después, separar la uva del raspón y también las hojas o restos de sarmiento... 

Solamente en la parte inferior del viñedo, hay un pasillo grande que permite la entrada del tractor para la recogida de la uva vendimiada, dando descanso a los fornidos porteadores.

A las doce del mediodía, la recolección se había terminado; según nos informaron, la mitad que otros años... Aunque menos, los racimos compactos, unos mas que otros, contenían una uva dulce.

Las mesas dispuestas como siempre, y la parrilla con las carnes a tope...

Nos dió tiempo a bajar a la Villa a tomar un aperitivo para celebrar el cumple de Manolo, y cuando regresamos pasamos directamente a comer... hubo que ampliar porque los comensales no faltaron. El menú como siempre, bueno y abundante. Al postre la gaita hizo acto de presencia; Antón, enfrente, entonó la primera tonada...

Un año más, una cosecha más...

 

 

Antes de empezar El racimo  Conchi en el tajo
La  pendiente El ùnico pasillo amplio Todo dispuesto
La parrilla en funcionamiento La gaita y Antón Y el resto...